La propuesta de permitir construir en parcelas de 1.000 m² en la zona rural conduce a una serie de preguntas: ¿por qué 1.000 y no 2.000, 750 ó 500? Si hablamos de zona rural, ¿qué relación tiene el ladrillo con lo rural?¿el ladrillo ha representado futuro o burbuja?¿existen alternativas al ladrillo?
Si observamos otras formas de proceder, podemos comprobar que sí existen alternativas que pasan entre otros aspectos por la sostenibilidad y por convertir a sus habitantes en actores, partícipes de la construcción de alternativas, sin olvidar la responsabilidad de las administraciones en la inversión sostenible para la conservación de los recursos.
Por tanto, la propuesta abre muchas interrogantes y parece más orientada a repetir errores del pasado que a proponer soluciones sostenibles para el futuro.
Si nos deslizamos por ese camino, tal vez, el ladrillo no nos deje ver el bosque.